EJERCE EL MISMO LIDERAZGO QUE WINSTON CHURCHILL

EJERCE EL MISMO LIDERAZGO QUE WINSTON CHURCHILL

El ex Primer Ministro de Reino Unido se caracterizó por una voluntad férrea para transformarse en un líder por convicción. ¿Podrás hacer tú lo mismo?

Por Redacción TNE

Winston Churchill

¡Despreocúpate! No es necesario que ordenes un ataque contra las tropas enemigas o hagas un llamado a los ciudadanos para que envíen sus botes a las costas de Dunquerque a fin de rescatar a los soldados acorralados en las playas. Sin embargo, serás un líder completo si aplicas lo que puedes aprender de una de las más grandes personalidades que ha puesto los pies en la Tierra, ni más ni menos que Winston Churchill.

Los líderes se crean a sí mismos

Churchill tuvo que superar limitaciones, entre ellas el balbuceo y el tartamudeo. No obstante, llegó a convertirse en uno de los oradores más reconocidos de la historia, ya que sus discursos eran muy emotivos y sabía usar las palabras adecuadas. Además, físicamente no era un Don Juan y tenía una forma de caminar poco elegante.

El ex Primer Ministro del Reino Unido labró su camino a base de voluntad y de una disciplina férrea con la intención de fortalecer sus áreas de oportunidad. Incluso sobre su vida se concluye que él no tenía coraje ni agresividad de nacimiento, pero los consiguió mediante una decisión deliberada de fortalecer su carácter.

Una mente intuitiva es superior al intelecto

Winston Churchill no asistió a la universidad, situación que en cierta medida le representó una ventaja, porque su mente no estaba condicionada a los pensamientos convencionales de la época; además, poseía una gran curiosidad y tenía una enorme capacidad de fascinación. No era influenciado por opiniones ajenas y poseía una independencia de pensamiento que, por supuesto, también lo llevó a tomar decisiones equivocadas, pero que sin duda lo forjaron a convertirse en la inspiración de todo un pueblo a la hora de combatir y defender Inglaterra a toda costa de Hitler.

Dominio de la palabra escrita y hablada

“Nunca cedas, nunca te rindas, nunca, nunca, nunca en nada, grande o pequeño, largo o corto, nunca cedas ante tus convicciones de honor y sentido común. Nunca te rindas ante la fuerza, nunca cedas ante el poder aparentemente abrumador del enemigo”. Esta es una de las frases más emblemáticas de Winston Churchill, pero seguramente esconde años de práctica constante.

El encuentro con la educación no fue del todo satisfactorio para el nacido en Oxfordshire, Inglaterra; sin embargo, tenía dos dones particulares que lo ayudarían a abrirse paso en el mundo de la política: una enorme capacidad de memoria y de escritura. Esta última cualidad la utilizaba a fin de maximizar el efecto de su discurso para motivar a la audiencia, darle confort e inspirarla a fin de luchar por una causa.

Churchill reconocía que no era buen orador, no sabía cómo conectar con la audiencia a nivel emocional. Por ello, era muy metódico y desarrollaba sus ideas por escrito, incluso se considera que sus agudezas eran más una cuestión de preparación que de improvisación. Él tenía una enorme confianza en sí mismo, además de ser constante en su empeño. Incluso consideraba que ser un buen orador era la mejor habilidad para sobresalir de cualquier circunstancia.

Como líder de negocios, tanto la escritura como la capacidad de hablar en público son esenciales a la hora de presentar ideas que puedan llevar al cierre de acuerdos y nuevas oportunidades.

Forjar hábitos

Winston Churchill fue de una mente inquieta, siempre tenía que ocuparse en algo. Él pintaba, leía, escribía (llegó a publicar más de 43 libros), así era como se sentía más productivo. Incluso durante su etapa como Primer Ministro se mantuvo apegado a su rutina, nada podía afectar su determinación para escribir.

La actitud era mejor que la aptitud, ese era su pensamiento; de hecho él preferiría mantenerse optimista porque consideraba que no había algo mejor que hacer. Forjar pensamientos que nos lleven a la meta que hemos trazado también debe convertirse en un hábito porque al final del día se traducen en acciones concretas.

Claridad de propósito

Cuando tomó posesión como Primer Ministro, Churchill fue muy claro en su discurso, no titubeó ante el entorno adverso. Con sus palabras precisó que lo único que tenía que ofrecer era derramamiento de sangre, lágrimas y sudor; se tuvo la confianza y ejerció un liderazgo de hierro. Comunicó sus ideas de manera clara y fue honesto a la hora de transmitir los hechos, no dio falsas esperanzas, pero al final obtuvo su recompensa.

Por último… como bonus, procura siempre tener un buen humor:

—Winston, si fuera tu esposa pondría veneno en tu café —dijo Lady Astor.

—Nancy, si fuera tu esposo me lo tomaría —contestó Churchill.

La vida de un líder se caracteriza por la toma de importantes decisiones que impactarán y contribuirán a dejar un legado. A pesar de las dificultades, es esencial mantener un buen humor que permita sobrellevarlas.

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Redacción TNE

Autor: Redacción TNE

Equipo de redacción de la Revista TNE. Estamos dedicados a generar ideas al mundo de los negocios.

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