ME ATACAS O ME DEFIENDO

ME ATACAS O ME DEFIENDO

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Por Angélica Camus Márquez

Tenemos la opción de elegir cómo reaccionamos a los comentarios o actitudes por parte de otras personas, decidir ser objetivos siempre nos ayudará a ser más productivos y tener una mejor calidad de vida.

De manera constante solemos exclamar en nuestro interior “¿por qué la gente me agrede?, ¿por qué me señala?, ¿por qué me juzga? y luego nos preguntamos ¿por qué me defiendo?”, éste es un tema muy común por el que todos pasamos pero que pocas veces exteriorizamos.

Nos referimos a un patrón de conducta que por naturaleza humana impera en nuestro razonamiento, sin embargo existe una alternativa que nos da la oportunidad de ver otra realidad, esa que no está formada por juicios emocionales ni racionales fundados en propias experiencias, aquella relacionada con el “yo” interno, que es el principal decodificador de información y estímulos externos.

Hay una serie de indicadores de la personalidad que influyen directamente en cómo reaccionamos ante las cosas, ya que dependiendo qué tan subdesarrolladas tengamos estas capacidades, nos sentiremos víctimas de los demás, algunas de éstas son la tolerancia a la frustración, autoestima, combatividad, dominancia, receptividad, comprensión, juicio y análisis.

¿De qué podría servir tomarnos una crítica personal? absolutamente de nada, mucho menos en nuestro trabajo; la cantidad de horas que pasamos rodeados de compañeros, jefes y subordinados es el 40% de nuestra vida total, por lo que la retroalimentación de nuestro desempeño es vital para lograr un crecimiento laboral.

Cuando nos imaginamos siendo atacados verbalmente por alguien o pensamos que nos miran mal y tenemos la impresión de que nos critican en algún aspecto de nuestra vida o comportamiento, es por dos reacciones básicas que suelen darse:

        Si estamos dominados por nuestro ego, éste se sentirá herido (en orgullo, reputación, honor), entenderá la situación como un peligro y enviará mensajes del tipo: “se están riendo de ti”, “¿qué pretende mirándote así?”, “esto no se puede permitir” y ese momento nos hará reaccionar, saltar y contestar a esa agresión, por lo que la tensión de dicha situación y escalada violenta podrá ser considerable, llegando a lamentarlo posteriormente.

        Por otro lado, puede ser que poseamos un juez interno no detectado por nosotros mismos que se pondrá de parte de nuestro agresor (o de quien creemos que nos está agrediendo) y nos atacará a su vez con mensajes como: “¿ves? es lo que todos creen de ti”, “sin duda esta es la imagen que transmites” o “realmente no vales la pena para esa persona… ni para nadie”. Todos estos son pensamientos generalizadores, distorsionados, venenosos y de validez nula para nuestro crecimiento y mejora personal.

Falta de autoestima

Los mensajes que envían nuestro ego y juez interno, lo único que evidencian es una carencia de afecto por nosotros mismos (aunque éstos piensen lo contrario y nos quieran convencer de que reaccionamos así porque somos fuertes).

Sentimos que nuestra autoimagen se está viendo dañada y nos lamentamos, ya que estamos tendiendo a interpretar y creemos confirmar nuestras propias inseguridades en los comportamientos que los demás tienen hacia nosotros con pensamientos como “esta ropa no me sienta nada bien, es cuestión de ver cómo me miran todos”.

Perdiendo la paz interior

Esta manera de vivir e interpretar lo externo, personalizado en nosotros, nos crea un malestar interno durante horas o días dependiendo de la importancia que le hayamos dado a lo que entendimos como agresión directa, nos sentiremos quizás durante todo ese tiempo muy sensibles y fácilmente irritables. En definitiva, estaremos perdiendo un bien tan preciado como es la paz interior.

No tiene sentido personalizar ante un suceso externo

Cuando te vas conociendo a ti mismo puedes llegar a entender el sufrimiento que recorre a otras personas por dentro. Pensar en lo esclavas que son de sus propias mentes ayuda bastante a no perder la calma, pero no se trata de sentir esta empatía desde la soberbia o la creencia de que eres mejor que ellas, sino de entender cómo se comportan porque te has comprendido primero a ti mismo. Cuando conoces tus estados mentales y puedes entender tus reacciones emocionales, es mucho más fácil “leer” las de los demás.

La delgada línea entre la soberbia y la respuesta asertiva

Hasta ahora podrías acusar al acto de no reaccionar pasivo o permisivo, que por defender la paz interior o por no querer crear “mal ambiente” se estuviera recomendando no actuar contra una clara agresión. Es lógico que puedas tener este pensamiento ya que los humanos solemos tender a los extremos, a la polarización y a pensar que sólo existen dos opciones radicales: atacas o te escondes, gritas o bajas la cabeza, muerdes o te muerden.

Pero es que comprender no significa permitir, tolerar o justificar la agresión, se trata de darte a ti mismo la tranquilidad y claridad mental necesaria para entender la situación, sin interpretaciones torcidas o deformación de la realidad que te ayudará a poder decidir la mejor forma de reaccionar respecto a tus propios intereses.

En caso de que veas tus límites sobrepasados y que sientas que no eres tratado con el respeto que mereces como individuo, puedes dar una respuesta contenida y contundente, con precisión en dirección e intensidad y que sea claramente recibida por la otra persona.

Las reacciones airadas o las interpretaciones erróneas por parte de nuestra mente dormida e inconsciente, lo único que puede traernos es el alejarnos de gente que objetivamente hablando podría hacernos mucho bien y ser una compañía grata y valiosa en muchas ocasiones. Si conseguimos tener esa calma en nosotros, sin las tergiversaciones de nuestros jueces internos y egos, podremos darnos cuenta que muchas de esas agresiones no fueron tales ni a propósito o incluso que aunque se hayan realizado a posta podríamos saber que parten de la inseguridad, miedo, envidia o rencor de la otra persona, que nada tienen que ver con lo que somos o con nuestro comportamiento.

¿Qué puedo hacer para no personalizar?

1.     Primero que nada, considera que cuando se sienta un enfado por el comentario o gesto de alguien, esta es una oportunidad para conocerte mejor a ti mismo.

2.     Es preferible que reacciones (tras haberte tomado unos momentos de reflexión) aclarando tu postura a la otra persona, si esto fuera necesario.

3.     Pon consciencia en ti mismo para entender qué aspecto de tu interior fue lo que su comentario o gesto tocó y trata de descubrir qué vibró en ti que te hizo sentir mal.

No tomar las cosas de manera personal es una reacción mucho más saludable para nuestra psique que responder desproporcionadamente, sentir odio, cargar con rencores durante mucho tiempo y seguir transitando por la vida sin tener una idea de lo que pasa en nuestro interior y además permitiendo que entren aspectos negativos a él.


Autor: Angélica Camus Márquez

Socio Director Capital Humano, Caltic Consulotres.

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