¿Pocas probabilidades de que ocurra una catástrofe ambiental que impacte en la economía? Puede ocurrir y nadie querrá estar ahí cuando suceda.
Si bien el coronavirus ha puesto en jaque al mundo donde, por ejemplo, empresas como como Apple verían afectada su producción, el peligro parece venir de otro lado. Se trata de los cisnes verdes que podrían desencadenar una crisis financiera a nivel mundial. Pero ¿qué son?
Para que tengas un mejor contexto, primero es necesario aclarar qué es un “cisne negro”. El término, acuñado por el autor Nassim Taleb en su libro El cisne negro, el impacto de lo altamente improbable, se refiere a un evento con bajas probabilidades de que ocurra, pero con un alto impacto económico capaz de desestabilizar los mercados.
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De hecho, el coronavirus entraría en la categoría de “cisne negro”; sin embargo, el “cisne verde” se refiere a un riesgo generado por los seres humanos al contaminar el aire y el agua, destruir ecosistemas y alterar el clima mediante la actividad industrial.

La situación está para no tomarse a la ligera. La semana pasada, el Bango de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) publicó El Cisne Verde, libro que recopila una investigación que refiere a una metáfora sobre una crisis económica ocasionada por el calentamiento global.
“Los cisnes verdes son eventos con un potencial extremadamente perturbador desde el punto de vista financiero”, comentó a BBC Mundo Luiz Pereira da Silva, director general adjunto del BIS y coautor del estudio.
Tanto huracanes como incendios, al igual que otros fenómenos, han incrementado su frecuencia y los efectos han sido devastadores. Basta con ver los efectos de los incendios que han provocado cuantiosos daños en Australia.
“Las catástrofes climáticas son aún más serias que la mayoría de las crisis financieras”, señalan los autores, de acuerdo con el sitio Ecosystem Market Place. “Podrían representar una amenaza existencial para la humanidad, tal como lo enfatizan cada vez más los científicos del clima”.
Si bien los bancos centrales juegan un papel fundamental para impedir que ocurra una debacle financiera, no pueden hacerlo por sí solos. Se requiere de una coordinación entre gobiernos, sector privado, sociedad civil y la comunidad internacional.
Durante la crisis económica del 2008, dichas instituciones financieras actuaron a tiempo al reducir las tasas de interés a niveles muy bajos. No obstante, hoy en día aún se mantienen así, por lo que de presentarse un cisne verde, no cuentan con margen de maniobra para estimular el crecimiento económico.
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“Si los bancos centrales deben preservar la estabilidad financiera y de precios en la era del cambio climático, es de su interés ayudar a movilizar a todas las fuerzas necesarias para ganar esta batalla”, declaró al International Business Times François Villeroy de Galhau, gobernador del Banco de Francia.
Ante el potencial de los cisnes verdes para desencadenar una crisis financiera, es imprescindible que todos los actores de la sociedad formen un frente común. Científicos advierten de la amenaza del cambio climático, mientras que otros la ignoran a sus anchas.