CONSEJOS PARA REACCIONAR ANTE LOS INSULTOS

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Por Redacción TNE

Ante una ofensa, hay dos opciones: hay algo de verdad que nos puede beneficiar para ser mejores o no tomarla.

Seguramente haz escuchado el cuento del anciano maestro Samurái que fue retado por un joven; éste valiéndose de su astucia, quiso provocarlo con insultos (le escupió y le arrojó piedras) para desestabilizarlo emocionalmente y aprovechar sus errores para contraatacar. Sin embargo, aquél no reaccionó.

Una vez transcurridos los hechos, los alumnos le preguntaron la razón por la que no había respondido ante semejantes vejaciones y luchar contra el incitador. Él maestro les preguntó que a quién le pertenecía un regalo si el destinatario no lo recibía. Todos, al unísono, respondieron que era de quien lo quería entregar.

El sabio les explicó que lo mismo ocurría con los insultos y las emociones negativas; si la persona no los acepta, y, por el contrario, los ignora, no le pertenecen más que a quien los expresa.

No es tarea sencilla

Si bien en el cuento todo parece fácil, no podemos olvidar que a final de cuentas, somos seres humanos, por lo tanto, emocionales. Además, habrá personas que, sin el propósito de hacerlo, pueden ofendernos. Bastan comentarios en un tono fuerte y seco que malinterpretados, pueden ser considerados como una agresión verbal.

Por lo general, los insultos son acompañados de un humor ácido o sarcástico y de una sutileza que disfraza el propósito. Así, quién ofende puede alegar desconocimiento o falta de intención.

Detrás de una persona que transgrede las emociones de otra, por lo general hay sentimientos del pasado que no fueron atendidos de manera oportuna: envidias, narcisismos y soberbias, entre otros. Además son poco asertivos, por lo que al no poder expresarse bien, proyectan sus inseguridad en los demás para buscar sentirse superiores o, por lo menos, mejor que el resto.

¿Cómo manejar los insultos?

De acuerdo al portal Psychology Today, se debe de considerar lo siguiente:

1.      El enojo no sirve: primero, porque se le da importancia al mensaje y al ofensor. Además, sugiere que hay algo de verdad en lo que se dice. Por último, te desestabiliza, provoca dolor (físico y emocional). Por lo tanto, no es la mejor respuesta. Recuerda, ¡el que se enoja pierde!

“Aferrarse al odio es como tomar veneno y esperar a que el otro muera” — Buda.

2.      Aceptación: esto se refiere a analizar el insulto, quién lo dijo y si tiene razón. Si hay algo de verdad es importante verlo como una oportunidad de crecimiento para mejorar como persona. Aun más, si vino de alguien a quien respetamos o es cercano a nosotros.

Por el contrario, si la persona no pertenece a nuestro círculo inmediato y mucho menos es verdad lo que dice, no vale la pena “tomar” el insulto.

3.      Regresar la ofensa: si bien esto puede reflejar astucia, lo que provoca es colocarnos al mismo nivel del ofensor; además esto le da motivos para darle credibilidad a las ofensas.

4.      Tómalo con humor: hacerlo de esta manera, permite reducir la tensión y minimiza el agravio. Considera esta opción para una situación social, pero no para una laboral, pues puede malinterpretarse y empeorar la situación.

5.      Ignora el insulto: representa la opción más poderosa. Si no lo haces, serás arrastrado al nivel emocional de la contraparte. De alguna manera, se trata de olvidar lo sucedido, de no engancharse.

Considera que la ofensa no está en sí misma, sino en la manera en cómo reaccionamos a ella. Por lo tanto, es importante aprender a controlar las emociones; de esta manera contribuimos a nuestro desarrollo personal y a mejorar nuestra inteligencia emocional.


Redacción TNE

Autor: Redacción TNE

Equipo de redacción de la Revista TNE. Estamos dedicados a generar ideas al mundo de los negocios.

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